Varias emociones forman un sistema adaptado para sostener y navegar los tejido de cooperación de escalas pequeñas. Si entendemos a ese sistema como un homeostato, busca preservar el equilibrio de la cooperación eficaz y constante con la comunidad y sus integrantes.

Dentro de el homeostato de la cooperación, cada emoción:

  1. Reconoce el estado de nuestra cooperación social.
  2. Si el estado es subóptimo, promueve acciones que restaurarían el equilibrio de cooperación eficaz.
  3. Genera un correlato subjetivo placentero o doloroso según si el estado reconocido es favorable o desfavorable en términos de cooperación.

El enfoque basado en los tejidos es insuficiente para apreciar la riqueza y la variabilidad de cómo cada persona vive sus emociones, pero es una simplificación útil para entender la sociedad. Las generalizaciones sobre los individuos ayudan a entender fenómenos macroscópicos de las emociones a escala social, como por ejemplo las crisis actuales de salud mental. Estas crisis generales nacen porque nuestras emociones se adaptaron a tejidos de escalas pequeñas y sufren desajustes evolutivos en tejidos de grandes escalas.

Las emociones de cooperación se organizan en cuatro subsistemas:

  1. Emociones de reciprocidad
  2. emociones de reconocimiento
  3. Emociones para contribuir a la comunidad
  4. Emociones para cuidar el rango

Los cuatro subsistemas se resumen en la siguiente tabla de emociones de cooperación.