La intuición es un sistema inconsciente de toma de decisiones. Funciona a partir de atajos mentales que tomamos automáticamente y sin pensar, también conocidos como “heurísticas cognitivas”. Es un sistema tan fácil de usar que media la mayoría de nuestras decisiones.
En cambio, la razón funciona mediante deliberaciones. El proceso de toma de decisiones es simbólico y consciente: internamente, seguimos un argumento o una secuencia imágenes hasta llegar a una conclusión. Es un proceso mucho más costoso de toma de decisiones y, por lo tanto, mucho más infrecuente.
En general, después de tomar decisiones por motivos heurísticos e inconscientes, tendemos a racionalizarlas, es decir, a convencernos de que fueron tomadas por causa de razonamientos. Como el procesamiento intuitivo es inconsciente y, frecuentemente, nos convencemos de que las decisiones intuitivas fueron racionales, tendemos a sobrestimar el peso y la prevalencia de la razón y las creencias sobre nuestras actitudes. En general, los verdaderos factores que determinan nuestra conducta son inconscientes.
Las emociones de cooperación podrían considerarse atajos mentales, o heurísticas, que inconscientemente nos llevan a tomar medidas que promuevan equilibrios de cooperación, que luego tienden a ser racionalizadas.
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