La reciprocidad se implementa emocionalmente mediante la gratitud, el enfado y la culpa.
La gratitud siente que alguien nos favoreció y nos impulsa a favorecerlo de vuelta. Es una emoción placentera porque percibe un contexto favorable.
El enfado siente que alguien nos perjudicó y nos impulsa a perjudicarlo de vuelta. Es una emoción displacentera porque percibe un contexto desfavorable.
La culpa es una excepción al enfado que sirve para evitar ciclos de penalizaciones. Siente que alguien nos penalizó por haberlo perjudicado y, en lugar de impulsarnos a perjudicarlo de nuevo, nos impulsa a seguir cooperando para detener el ciclo. Es una emoción displacentera porque percibe un contexto desfavorable.
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