La admiración y el desprecio implementan el reconocimiento. La admiración promueve favorecer a quienes la comunidad valora, y el desprecio promueve penalizar a quienes la comunidad rechaza. Esto es porque, en contextos de reconocimiento es adaptativo acercarse a la valoración comunitaria. Esto incluye:

  1. Esto incluye premiar o penalizar igual que el resto de la comunidad.
  2. Imponer que terceros premien y penalicen igual que el resto de la comunidad (penalizando a los que premian o penalizan de menos).

Dado que, a diferencia de lo que sucede con la gratitud y el enfado, la admiración y el desprecio llevan a la comunidad a premiar o penalizar de igual manera, podemos pensarlas como formas comunitarias de la gratitud y el enfado. Algunos efectos observables de esta inclinación por converger en nuestras valoraciones son:

  1. Nos incomoda aplaudir mucho más o mucho menos que los demás.
  2. Nos agrada que terceros aprecien o desprecien a las mismas personas que nosotros.
  3. Nos ofende que terceros aprecien a quien despreciamos o desprecien a quien apreciamos (esto es porque, en contextos de reconocimiento, faltar a penalizar o premiar adecuadamente es una falta penalizable, y penalizar a quien incurre en tales faltas es adaptativo, porque no hacerlo es una falta penalizable).

El sistema resultante es calibrado por la envidia y la lástima.