En contextos de rangos, nuestras emociones nos impulsan a preservar o mejorar el rango.
El estrés indica que el rango propio está siendo amenazado y promueve atacar a los de abajo para evitar perder el lugar. La depresión indica que el rango propio es bajo y promueve mostrarse indefenso para evitar despertar la violencia estresada de los de arriba. El entusiasmo indica la oportunidad de mejorar el rango y promueve enfrentar a los de arriba para seguir escalando. Finalmente, la felicidad siente que tenemos un vínculo próspero con la comunidad en un contexto estable, lo cual permite relajarse y disfrutar.
El estrés y el entusiasmo responden a contextos volátiles. Por eso son emociones excitadas, que activan el sistema simpático para darlo todo en los momentos críticos que definen cómo se cristalizarán los rangos en el futuro.