Varias emociones forman un sistema adaptado para sostener y navegar los tejido de cooperación de escalas pequeñas. Si entendemos a ese sistema como un homeostato, busca preservar el equilibrio de la cooperación eficaz y constante con la comunidad y sus integrantes.
Dentro de el homeostato de la cooperación, cada emoción:
- Reconoce el estado de nuestra cooperación social.
- Si el estado es subóptimo, promueve acciones que restaurarían el equilibrio de cooperación eficaz.
- Genera un correlato subjetivo placentero o doloroso según si el estado reconocido es favorable o desfavorable en términos de cooperación.
El enfoque basado en los tejidos es insuficiente para apreciar la riqueza y la variabilidad de cómo cada persona vive sus emociones, pero es una simplificación útil para entender la sociedad. Las generalizaciones sobre los individuos ayudan a entender fenómenos macroscópicos de las emociones a escala social, como por ejemplo las crisis actuales de salud mental. Estas crisis generales nacen porque nuestras emociones se adaptaron a tejidos de escalas pequeñas y sufren desajustes evolutivos en tejidos de grandes escalas.
Las emociones de cooperación se organizan en cuatro subsistemas:
- Emociones de reciprocidad
- emociones de reconocimiento
- Emociones para contribuir a la comunidad
- Emociones para cuidar el rango
Los cuatro subsistemas se resumen en la siguiente tabla de emociones de cooperación.