La actividad de los individuos depende de la suma de recompensas y penalizaciones de todas las organizaciones en que participa.
Esto implica que el poder de cada tejido de cooperación sobre sus participantes depende no sólo de las recompensas y penalizaciones que ese tejido es capaz de proveer, sino también de las recompensas y penalizaciones que otros tejidos pueden imponer.
Dado que los tejidos de cooperación son sistemas circulares, regular la actividad de más individuos hace que los sistemas se vuelvan más poderosos, y regular la actividad de menos individuos hace que los sistemas sean más débiles.
Por eso, quitar participantes a otro tejido de cooperación puede generar ciclos de retroalimentación que amplifican las asimetrías y destruyen al tejido debilitado.