Los incentivos no sólo marcan la dirección en que la economía avanza sino también la dirección en que acelera. El mercado, por ejemplo, además de desarrollar productos que para individuos, desarrolla tecnologías que aceleran la producción para individuos. Por ejemplo, desarrolla telares automáticos además de textiles. En particular, acelera también procesos que perjudican a la humanidad debido a externalidades negativas, como la industria del petróleo o los usos nocivos de la inteligencia artificial.
Esto implica que un sistema alternativo permitiría, además de fomentar acciones que hoy benefician al grueso de la sociedad, contribuir a facilitarlas, acelerarlas y abaratarlas, pero sobre todo, permitiría inventar y descubrir nuevas formas de lograrlo.