La excluibilidad de un bien o servicio es la capacidad de evitar que beneficie a personas específicas. Por ejemplo, las zapatillas o las latas de tomates son bienes excluibles (porque el vendedor o el productor pueden fácilmente no dar zapatillas a quienes no pagan por ellas). En cambio, arreglar el agujero de la capa de ozono no es un servicio excluible (porque indefectiblemente beneficia a todos los humanos, no es posible que beneficie sólo a quienes aportaron).

Es importante en economía porque, en el caso de los bienes excluibles, se puede evitar que las personas que no pagaron por ellos reciban sus beneficios, lo cual permite incentivar los aportes fácilmente. Esto no sucede para los bienes no excuibles.

Los bienes y servicios no excluibles necesitan métodos alternativos para incentivar aportes. Dos formas comunes de lograrlo son penalizar la falta de aportes, lo cual requiere algún tejido de cooperación de alcance grupal, o excluir artificialmente a quienes no aporten (por ejemplo, impedir la entrada a la plaza del barrio a quienes no hayan aportado a su limpieza).