Los sistemas de motivación (o sistemas de incentivos, o premios y castigos) funcionan siempre y cuando existan personas dispuestas a imponerlos y hacerlos respetar. Imponer o hacer respetar un sistema requiere premiar o castigar adecuadamente. Como la acción de premiar o castigar implica incurrir en un costo a nivel individual, esta debe ser motivada para que suceda.

Diremos que un sistema A depende de un sistema B si el sistema B motiva la imposición del sistema A. En otras palabras, si el sistema B premia a quienes imponen el sistema A, o penaliza a quienes no imponen el sistema A.

La relación de dependencia permite distinguir entre sistemas básicos y sistemas subsidiarios de organización social.