Los jerarcas pueden usar su poder para extraer excedentes, o plusvalías, del trabajo ajeno.

En forma directa, el jerarca puede ordenar pagarle impuestos, comisiones, tributo o diezmo. En forma indirecta, el jerarca puede repartir apenas una porción de los beneficios de la cooperación grupal y quedarse con el resto.

Para extraer plusvalías, el jerarca no requiere tierras, máquinas ni insumos. Solo necesita que participar de la organización sea ventajoso por sobre no participar, y aprovechar esa brecha para extraer excedentes. Por ejemplo, si el grupo produce 10 panes por participante, y la mejor organización alternativa ofrecería 5 panes a quien trabaje en ella, el jerarca puede ofrecer 6 panes y seguirá reteniendo a sus subordinados mientras extrae parte del valor que estos generaron.

Dado que la extracción de excedentes solo depende de que hacer las cosas en grupo sea conveniente, puede darse incluso en grupos no productivos:

  1. El director de un coro vecinal puede incluir piezas de su autoría para mejorar su reputación, incluso cuando esas canciones no gustan a los participantes. Para los coristas, es preferible acatar un repertorio subóptimo que no participar del coro.
  2. El director de un grupo académico puede firmar artículos que no escribió. Para los investigadores, es preferible aceptar la firma que dejar de trabajar con colegas talentosos.
  3. Los dirigentes de algunas ONG obtienen reputación, visibilidad o cargos gracias al trabajo anónimo de miles. Para los activistas, incorporarse a la organización es necesario para cooperar con otros activistas.

En la competencia de tejidos, cuando una jerarquía adquiere tamaño suficiente para desplazar a las alternativas, adquiere un poder despótico y puede extraer excedentes máximos, porque la única alternativa contra la que compite es el aislamiento.