Los sistemas económicos pueden entenderse de muchas maneras.

En una definición naive, es la suma de relaciones productivas, de distribución y de consumo en una sociedad. Esta definición tiene el problema de estar demasiado acoplada a la implementación material. Afirmaría, por ejemplo, que un país como Panamá y un país como Chile tienen sistemas económicos distintos, simplemente porque producen cosas distintas mediante procesos distintos.

En otra definición, el sistema económico es el sistema de reglas o de toma de decisiones que define la suma de relaciones productivas, de distribución y de consumo. Por ejemplo, un mercado moderado por un Estado sería un sistema económico. Desde esta óptica, Panamá y Chile tendrían el mismo sistema económico aunque sus conjuntos de relaciones productivas no sean idénticas. Un sistema de soviets también sería un sistema económico. Esta segunda definición refiere a cómo una población determina qué y cómo produce, mientras que la definición naive refiere al resultado de esas determinaciones.

Dado que los sistemas de reglas o de toma de decisiones sólo pueden sostenerse en la práctica si la gente tiene la motivación de seguirlos y sostenerlos, los sistemas económicos implementables en la práctica son los tejidos de cooperación. Por eso, desde mi perspectiva, para todos los fines prácticos la noción de “sistema económico” es equivalente a la de “tejido de cooperación”.