Existiendo la esclavitud, una pregunta relevante es por qué no todas las organizaciones son esclavistas, desde una perspectiva estrictamente económica y no moral.
Para los sistemas más prósperos, ser opresivos no es conveniente cuando se tiene en cuenta la dinámica de crecer o perecer dada por la competencia de tejidos. Esto es porque aunque ser esclavista mejora la retención de participantes, empeora la adquisición, porque es preferible incorporarse a una organización que ofrezca libertad de movimiento.
Las organizaciones prósperas ya tendrían una alta retención y adquisición de participantes sin opresión. La opresión no sería necesaria para preservar la retención, porque ya es alta, y perjudicaría la alta adquisición.
Por su parte, las organizaciones débiles ya tendrían una baja retención y adquisición de participantes sin opresión. La opresión no sería dañina para la adquisición, porque ya es baja, y mejoraría la baja retención.
Por eso, a las organizaciones débiles les conviene ser opresivas y a las organizaciones prósperas les conviene ser liberales.
| Con opresión | Sin opresión | |
|---|---|---|
| Próspero | Alta retención, baja adquisición | Alta retención, alta adquisición |
| Débil | Alta retención, baja adquisición | Baja retención, baja adquisición |
Por otra parte, incluso para las organizaciones débiles, ser opresivo es una externalidad negativa entre las organizaciones, dado que preserva la productividad de la propia organización pero limita el crecimiento de otras organizaciones. Si existe alguna estructura de cooperación grupal de gran escala, es probable que esta penalice la opresión para disuadir la externalidad negativa.
Es común dar por sentado que no exista la esclavitud, pero los grandes saltos tecnológicos generan asimetrías productivas e incentivan a los jerarcas menos productivos a tomar medidas desesperadamente crueles para preservar su poder.