La competencia de tejidos permitiría el despotismo de la última organización en pie. En otras palabras, es un juego donde el ganador se lleva todo. Dado que el costo de perder y el beneficio de ganar ese juego son prácticamente infinitos, lo racional para cualquier organización en instancias avanzadas de la disputa de tejidos es intentar ganar a cualquier costo.

Destruir bienes, recursos y vidas humanas para mejorar las probabilidades de ganar es individualmente conveniente. Esa externalidad negativa puede llevar a que todas las organizaciones hagan lo mismo. Es la dinámica de crecer o perecer llevada al extremo.

Si los enfrentamientos entre organizaciones destruye las capacidades tecnológicas de la sociedad, el resultado es una merma productiva y tecnológica que hace colapsar a la civilización y, probablemente, reiniciar el proceso de la competencia de tejidos. Si esto no sucede, la tendencia continúa hacia el despotismo.

A nivel histórico, los colapsos civilizatorios suelen suceder cuando el tamaño de las jerarquías es significativo respecto del tamaño del mundo económicamente integrado. En esos casos, el crecimiento de una organización implica el desplazamiento de su competencia, lo cual es un factor clave para el auge del despotismo.