Tomar demasiado tiempo analizando la élite de turno puede ser infructuoso para resolver los problemas de raíz, porque el impacto de quitar o reemplazar a una élite podría ser menor.
La pregunta clave, siempre que queramos resolver algún problema asociado a actividades de una élite, es: ¿qué pasaría si sacamos a la élite actual del lugar que tiene? Si creemos que aparecería otra élite que traería problemas similares, entonces no deberíamos poner el foco en la élite de turno sino en los mecanismos que hacen emerger a las élites.
Algunos problemas coyunturales pueden resolverse cambiando una élite por otra. Una élite podría impulsar un conflicto étnico que otra élite prefiera evitar. Otra élite podría consumir menos electricidad por preferir la producción agrícola a la industrial.
Creo, sin embargo, que los problemas estructurales no dependen de la élite de turno. Algunos ejemplos son:
- Que hayan emergido élites, sistemáticamente, en todas las sociedades.
- Las élites obtuvieran un poder sobre el resto de la población, que se retroalimenta y aumenta la desigualdad.
- Que el poder tienda a concentrarse hasta el punto del despotismo o el colapso.
Los problemas estructurales no se resuelven caracterizando, interviniendo o desplazando a tal o cual élite, sino interviniendo los mecanismos subyacentes que hacen emerger a las élites y su funcionamiento.