Un fenómeno emergente es lo que vemos al mirar un sistema “desde lejos” o “con poco zoom”.

Por ejemplo, el funcionamiento del cerebro es un fenómeno emergente del funcionamiento de las neuronas, el funcionamiento de la sociedad es un fenómeno emergente del funcionamiento de las personas, y el funcionamiento de un hormiguero es un fenómeno emergente del funcionamiento de las hormigas.

En general, hablamos de fenómenos emergentes cuando queremos recordar que el comportamiento observado nace del comportamiento de partes más sencillas. Esto es frecuente en los sistemas que son difíciles de entender cuando no atendemos a las partes que lo constituyen. Por ejemplo, describir el fenómeno emergente de un autómata celular es muy difícil sin entender cómo funciona cada celda, por lo que siempre prestamos atención a que proviene de la interacción de partes más pequeñas. En cambio, describir el “fenómeno emergente” de una piedra (por ejemplo, que es sólida y tiene inercia) no requiere conocer cómo funcionan sus átomos. Por eso, es más común hablar de “fenómenos emergentes” al tratar con sociedades o autómatas celulares que al tratar con piedras.