Para evitar el mito discursivista, surgido de no aplicar nuestros conocimientos sobre la relación entre intuición y razón en la toma de decisiones, y la posterior racionalización
Entonces, por ejemplo, en lugar de creer que los poderosos emiten discurso que moldea nuestras conductas, observar que el poder genera incentivos para moldear nuestras conductas, que luego son racionalizados por discurso. Así, el discurso siempre está alineado con el poder y la conducta, pero es un efecto de la conducta y no su causa. Esto es parecido a decir que la actividad de un sismógrafo siempre está alineada con los movimientos de las placas tectónicas y los terremotos, pero es un efecto de los terremotos y no su causa.
Un ejemplo ilustrativo del punto anterior es que los sistemas son más criticados cuando son menos poderosos, es decir, menos capaces de motivar a sus participantes de fortalecer al propio sistema. La religión empezó a criticarse fuertemente tras el desplazamiento de organizaciones y tejidos religiosos por el crecimiento de organizaciones seculares, la mayor parte de las críticas a las tiranías nacen tras desplazar a los tiranos, y las críticas al sistema patriarcal fueron más fuertes en el siglo 20, tras la incorporación de varias mujeres a ramas laborales históricamente masculinas, que durante el medioevo donde el patriarcado era mucho más fuerte.
A la inversa, los sistemas suelen ser menos criticados cuando se vuelven más poderosos. En Argentina, la globalización y el imperialismo cultural se criticaban más en los años 70, cuando todavía no estaba consolidado, que en el siglo 21 cuando es tan poderoso que ordena nuestras vidas cotidianas. En el caso de las normas sociales o culturales, nadie critica su ruptura cuando son tan fuertes que nadie rompe las reglas, pero sí cuando algunos empiezan a evadirlas (y ya no se critica su ruptura cuando las reglas colapsan porque ya nadie las sostiene).
Lo anterior sugiere interpretar al discurso no como un factor que produce la conducta, sino como un indicador de hacia dónde apuntan los incentivos que determinan la conducta.