La reciprocidad no es suficiente para moderar externalidades.

Sobrepescar un lago y debilitar toda pesca futura es una externalidad negativa. Si otra persona sobrepesca el lago, yo podría querer penalizarlo para disuadir una acción que me perjudica.

El problema es que penalizar a quien sobrepesca es costoso para mí y beneficioso para el resto. Si me hubiera fallado a mí personalmente en lugar de a todo el grupo, el principal beneficiario de penalizar al traidor habría sido yo. En cambio, cuando se falla al grupo, el beneficio de mi esfuerzo penalizador se repartiría en todo el grupo. Como penalizar la externalidad negativa es una externalidad positiva, me conviene esperar que otros hagan el esfuerzo en lugar de hacerlo yo.

Evitar este problema requeriría penalizar a quienes no penalicen al pescador. Sin embargo, hacer eso también sería una externalidad positiva. Si un sistema es incapaz de garantizar la cooperación grupal en un nivel, es incapaz de hacerlo en niveles futuros.

Más aún, la reciprocidad puede promover externalidades negativas. Yo podría pedir, como favor, que un amigo sobrepesque el lago para darme peces, y devolverle trigo de mi cosecha. Si el costo para nosotros de debilitar la pesca en el futuro es menor que el beneficio de obtener los peces o el trigo, tendremos el incentivo de sobrepescar, gracias a la transacción que la reciprocidad habilita.

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