En la economía del reconocimiento, lo mejor es destinar esfuerzo a las actividades mejor valoradas por el grupo. En ese contexto, la valoración comunitaria determina a qué bienes podemos acceder, tal como el dinero determina a qué bienes podemos acceder en el mercado.

En el reconocimiento, la eficiencia económica está dada por la relación entre el esfuerzo insumido y la valoración comunitaria recibida:

  1. Si una actividad insume demasiado esfuerzo y es poco valorada por la comunidad, es mejor abandonarla.
  2. Si podemos esforzarnos más para recibir valoraciones comunitarias significativamente mayores, conviene hacerlo.
  3. Si la relación entre esfuerzo y valoración comunitaria es buena, conviene mantener la actividad que se estamos haciendo.

A nivel evolutivo, economizar esfuerzos es adaptativo. Nuestras emociones se adaptaron a contextos donde la economía predominante era el reconocimiento. Por eso, nuestras emociones y motivación responden a la eficiencia en la valoración comunitaria.