La motivación de la mayoría de las personas tiene un fundamento social. Sin embargo, existe una minoría cuya motivación está desacoplada del impacto social de sus acciones. Más precisamente, pueden motivarse con actividades no alineadas con el reconocimiento.
Estas personas son relevantes porque la tolerancia al costo social permite perseguir ideas disruptivas cuando hacerlo implica alejarse de un óptimo local del reconocimiento de pares (por ejemplo, por generar desdén o rechazo para el grupo de pertenencia). Como este tipo de actividades se alejan de lo esperado, pueden tener alto impacto.
A nivel histórico y político, favorecer la actividad de personas directas podría considerarse un caso particular de control desde el ruido, donde el modelo imperfecto y susceptible de perturbaciones es el etostato.