Dado que los modelos de la sociedad suelen ser imperfectos, dan lugar a ruido. La peculiaridad que tiene el ruido de los modelos sociales es que depende de la actividad humana. Por lo tanto, para la sociedad, esas perturbaciones son una nueva variable de control, porque pueden encauzar al sistema.
Alguna gente rechaza modelos determinísticos o científicos de la sociedad, por ser demasiado compleja o caótica para admitir una descripción completa, rigurosa y sin errores. Aunque es cierto que es imposible construir un modelo interesante de la sociedad sin imperfecciones, la mejor manera de afrontar las imperfecciones de un modelo es conocer y aprovechar sus aciertos.
La siguiente analogía ayuda a ilustrarlo. Hay una canica en una montaña. Un modelo de ese sistema podría mostrar la pendiente pero ignorar el viento. En la mayoría de los casos, la pendiente predice la trayectoria de la canica, pero existen excepciones (por ejemplo, cerca del filo de una montaña, el viento define hacia qué lado caerá la canica). Lo esencial es que, para saber cuándo y de qué modo el viento afectará a la trayectoria de la canica, conocer la pendiente es muy útil. En general, los modelos incompletos son útiles porque las variables modeladas ayudan a entender y guiar la actividad en las variables no modeladas o imperfectamente modeladas.
En la sociedad, el etostato y la competencia de tejidos describen los aspectos más impactantes de la economía, lo cual ayuda a entender cuándo y cómo tanto las diferencias individuales, como los fenómenos subjetivos u otras variables no consideradas podrían tener un impacto macroscópico en la sociedad, y cuándo no.
Me gusta imaginar una disciplina centrada en el control desde el ruido, a la que denomino capurnética.
Un modo especialmente impactante que tienen las pequeñas perturbaciones para afectar a la dinámica macroscópica de un sistema es la exponencialidad. En otras palabras, retroalimentar el crecimiento de fenómenos microscópicos puede transformarlos rápidamente en fenómenos macroscópicos.