Cuando la humanidad pasó a organizarse mediante las jerarquías y el mercado, las sociedades integradas económicamente pasaron a ser mucho mayores que las pequeñas comunidades para las que nuestras emociones se habían adaptado.

En la actualidad, dentro de una misma sociedad, muchos grupos de personas forman comunidades entre sí, cada una con sus propios valores. Además, una misma persona puede participar de más de una comunidad. La participación de comunidades con valores discordantes puede generar conflictos en la motivación.

Además, las pequeñas comunidades pueden sufrir desgarros que desintegran sus sistemas de valores.