En los sistemas vivos, es frecuente que un único punto de falla genere un abanico de crisis.
- Una planta sin riego sufre problemas metabólicos, problemas de transporte de nutrientes, marchitez de las hojas, vulnerabilidad a plagas, etc.
- Un bosque deforestado sufre erosión del suelo, crecidas del río, alteraciones del microbioma, distorsiones de la cadena alimentaria, incendios más frecuentes, invasiones de especies exóticas, etc.
- Un animal cuyo corazón falla sufre problemas pulmonares, problemas en el hígado y los riñones, en el cerebro, etc.
En los tres ejemplos anteriores, las crisis resultantes de un único punto de falla son diversas y disímiles entre sí, pero provienen de una causa común. Intentar confrontar cada crisis por separado sin atender a la falla crítica será infructuoso.
Con la sociedad, sin embargo, las diversas crisis que nacen del problema principal (o, más precisamente, del dilema central), tales como la crisis ambiental, la crisis de malestar emocional y los aumentos de la desigualdad, la concentración de poder y la violencia, suelen analizarse e intentar confrontarse por separado. Creo que eso es un error garrafal.