La envidia y la lástima son emociones de reconocimiento que sirven para calibrar las emociones de admiración y desprecio. Ambas nos impulsan a mitigar reacciones excesivas de la comunidad: la envidia, cuando sentimos que alguien recibe un premio que no merece; la lástima, cuando sentimos que alguien recibe un castigo que no merece.

En ambos casos, es displacentero sentir la emoción cuando alguien tiene un premio o castigo que sentimos que no merece. Al mismo tiempo, ver perder bienestar a una persona envidiada es placentero, y también es placentero ver mejorar a alguien de quien se sintió lástima.

Sentir envidia o lástima es adaptativo para los individuos cuando las comunidades recompensan calibrar el estatus, algo que, a su vez, es conveniente para las comunidades.