Un desajuste evolutivo es la situación que se da cuando un rasgo que se había especializado para adaptarse a un entorno se vuelve maladaptativo cuando el entorno cambia. Ocurre cuando el entorno cambia demasiado rápido para que la genética tenga tiempo de reaccionar.
Por ejemplo, las polillas chocan y mueren contra las lámparas por un desajuste evolutivo. Habían evolucionado para mantener la luz de la luna a sus espaldas, lo cual les permitía volar en línea recta. Cuando aparecieron las lámparas, esa misma regla lleva a las polillas a revolotear alrededor de ellas hasta chocarlas y morir.
En el contexto de las emociones, muchas de ellas se adaptaron a tejidos de cooperación de escalas pequeñas. El desarrollo tecnológico llevó a que los tejidos escalables reemplacen a los tejidos locales, lo cual produjo distorsiones que volvieron maladaptativas a diversas emociones y causaron una serie de crisis de salud emocional.