La crisis de estrés es la prevalencia del estrés a nivel social debido a la volatilidad de jerarquías, una distorsión que amenaza a posiciones dominantes que solían ser seguras.
El estrés era una emoción aguda cuando los rangos eran estables, y promovía respuestas fisiológicas para apostarlo todo por el corto plazo, como el aumento del ritmo cardíaco, la reducción del sueño y de la actividad digestiva. Cuando estas respuestas, preparadas para ser esporádicas, se vuelven crónicas, aumentan los problemas cardíacos y las úlceras estomacales.
Además, el estrés mal dirigido puede generar ciclos de retroalimentación de la agresión.
Ciclos de retroalimentación por estrés mal dirigido
Cuando la volatilidad de la posición personal se debe a factores externos, agredir a subalternos puede ser contraproducente y generar ciclos de retroalimentación.
Por ejemplo, una empresa puede perder terreno contra una empresa rival. El jefe se estresa y agrede a sus subordinados. Los empleados trabajan peor, la empresa pierde más terreno contra la competencia, y el jefe se estresa más, lo que retroalimenta la violencia.
En otro ejemplo, la clase media pierde bienestar por la concentración de capital. Se estresa y culpa a los más pobres, lo que la lleva a votar medidas de liberalización económica y ajuste fiscal. El capital se concentra todavía más, la clase media pierde más poder adquisitivo y se estresa más, lo que retroalimenta la violencia.