La adaptación hedónica es un fenómeno donde las personas suelen mantener un nivel de felicidad estable en el largo plazo.

Nuestro nivel de felicidad suele variar de corto plazo. Mejora al recibir premios, ascensos u otras cosas buenas, y empeora al perder el trabajo, sufrir un accidente u otras cosas malas. Sin embargo, al poco tiempo tiende a volver al nivel que tenía. La mayoría de las cosas nos afectan por un rato, y después nuestra felicidad vuelve al nivel original.

Se conocen pocas excepciones, es decir, cosas que modifican sostenidamente nuestro nivel de felicidad estándar y lo llevan a un nuevo valor. Una de ellas son las intervenciones estéticas. Parecer más bonito a los demás nos vuelve más felices de un modo al que no nos acostumbramos. Otra es ganar la lotería. Aunque en el corto plazo aumenta la felicidad, en el largo plazo tiende a reducirla sostenidamente. Ganar de golpe una fortuna suele tensar y desgastar los vínculos con los amigos de siempre. Sorprendentemente, los diagnósticos de enfermedades terminales también reducen el nivel de felicidad en el corto plazo, pero luego pueden recuperarlo hasta niveles superiores a los anteriores. Se cree que esto nace de aumentar la cercanía para con los seres queridos.

Es curioso que las excepciones a la adaptación hedónica suelen ser cosas que implican cambios sostenidos a nuestros vínculos, algo a lo que no parecemos acostumbrarnos.

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